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Antiguo 24-Sep-2010, 23:06   #1 (permalink)
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Predeterminado Casarse sin amor, sin estar enamorado/a

No existe la receta para el matrimonio perfecto. De hecho, en la civilización occidental de la actualidad, la mitad de los que caminan juntos hacia el altar, terminan divorciándose. Eso lleva a que muchas parejas se pregunten si realmente la clave para ser felices en el matrimonio radica en el amor. ¿Hace falta estar enamorados para asegurarse un buen matrimonio? A la vez, para los occidentales es casi impensable la idea de un matrimonio disociada de la del amor.
En efecto, los expertos en relaciones sostienen que el amor, por sí solo, no alcanza: casarse estando muy enamorado, en realidad, es posible que nos oculte algunos rasgos de la otra persona –y de la relación- que más tarde darán al traste con la pareja. El amor debería llegar después, como resultado (y no como causa) del matrimonio. En ese sentido, tienen más posibilidades de triunfar otras parejas: las que tienen un proyecto en común, por supuesto, pero también las que tienen una comunicación fluida, confianza mutua, buen trato. La pregunta sería, ¿incluso si no se aman?

Motivos para dar el sí
Somos muchos los que podemos estar de acuerdo en que el amor es condición necesaria pero no suficiente para que la pareja perdure. Ahora, ¿será posible entablar un matrimonio sin que haya amor de por medio? En ese caso, ¿qué razones podrían llevar a dos personas a decidir casarse?
Por un lado, en muchas sociedades, la llegada de un hijo. Ante un embarazo no deseado, muchos siguen optando por tener el bebé y casarse, aún cuando tiempo después se lo reprochen mutuamente, ya que tal vez el hijo llegue sin que ninguno de sus padres esté listo para empezar una familia –y menos con una persona a la que no ama-. Pero no debería ser así: nunca deberías casarte porque te sientes obligado, o por la presión de tu familia, de tu pareja o de la sociedad. Ese tipo de relaciones tiende a estar marcada por la infelicidad y por la culpa.
Escarbando un poco, también aparecen en muchas parejas las motivaciones económicas: es más fácil comprar una casa de a dos, pagar la heladera en cuotas de a dos, ahorrar para un viaje de a dos. Muchos jóvenes deciden casarse porque es la única manera que han encontrado de dejar la casa paterna. Muchos hombres y mujeres se casan para escapar de sus malas situaciones financieras, pero ésta es probablemente una de las razones más egoístas para contraer matrimonio. Y los divorcios que sobrevienen después terminan con ambos involucrados heridos.
El amor a primera vista, o sea, la pasión –que no debe ser confundida con el amor- también es un mal consejero: así como el amor se caracteriza por su duración, la pasión se define por su intensidad, pero es efímera. La atracción mutua y una buena sexualidad compartida no son indicio de que estemos en condiciones de pasar toda la vida junto con alguien. La pasión y la atracción merman, pero si hay amor, éste sostiene al vínculo. Ahora, cuando la relación es tan vacía, una vez que se apagan las llamas, no queda más que cenizas.
Muchas veces, la decisión de contraer matrimonio es egoísta, y no hará más que dañar a ambos. Hay quienes se casan solamente para rebelarse contra su familia, o para vengarse de un amor que los haya hecho sufrir. Muchas personas deciden casarse buscando quién los haga felices, sin considerar que en un matrimonio nuestro propósito también debe pasar por hacer feliz al otro.
¿Y qué hay de los que se casan “porque ya tienen edad para hacerlo” o por miedo a quedarse solos? Todos le tememos a la soledad, pero quienes se zambullen en un matrimonio para intentar evitarla, no saben que lo más importante es aprender a estar bien con uno mismo, antes de estar bien en una pareja. En efecto, corren el riesgo de seguir sintiéndose solos, incluso casados.
Por supuesto, la mayoría de los matrimonios que se casan basados en alguno de estos motivos, suele terminar en divorcio. Casarse por cualquiera de los motivos equivocados es la receta para el desastre. El matrimonio se trata de un compromiso serio entre dos personas, cosa que nunca debería ser tomada a la ligera. Por ello, asegúrate antes de casarte que lo estés haciendo por las razones correctas.

¿Puede funcionar un matrimonio sin amor?
¿Se puede encontrar en verdad la felicidad en el matrimonio, si no se ama al cónyuge? Hay quienes sostienen que es más viable que un amor sólido y profundo surja en una pareja que no se casa con ilusiones románticas, a que el amor subsista por largos años cuando dos seres se unen en matrimonio tan sólo porque se aman profundamente.
Muchas parejas se escudan en el amor y se casan llenas de engañosas ilusiones y falsas expectativas sobre lo que cabría esperar de la unión. En cambio, las parejas que se casan sin amarse, pero con muchos otros puntos en común, no cargan con ilusiones románticas, sino que tienen una actitud práctica, que contiene la aceptación de las limitaciones por parte de su cónyuge, cosa no tan fácil para una persona enamorada.
De acuerdo con los mismos investigadores, las condiciones propicias para que un matrimonio sin amor se sostenga en el tiempo, son las siguientes: los cónyuges pertenecen a la misma clase social, económica y cultural, y tienen intereses y gustos semejantes; comparten amistades; tienen buena química sexual; saben divertirse y reírse juntos; coinciden en los proyectos para el futuro, incluso en el de tener o no hijos.
Aquellos matrimonios que reúnen todas, o una buena parte de, estas condiciones, pueden ser sólidos y felices. Entre ellos suele surgir un gran cariño, basado en la admiración y el respeto mutuos, pero que sin embargo, es una emoción muy diferente al amor apasionado y romántico con el que se unen muchas parejas y que tiende a esfumarse ante la presión de los problemas cotidianos.

Los matrimonios arreglados
En muchas partes del mundo, aún hoy sigue habiendo matrimonio sin que haya amor. En muchos países de Medio Oriente y de Asia, los motivos económicos siguen prevaleciendo sobre el amor (o, en todo caso, el amor que se pone en juego es el del hijo o la hija por sus padres). Distintas culturas tienen distintas ideas sobre lo que el matrimonio debería ser y en muchas parte del mundo, un matrimonio basado en respeto mutuo y compañerismo amistoso es lo suficientemente bueno, más allá de que haya o no amor.
Lo curioso para nosotros, occidentales, es que en aquellos mismos países, las tasas de divorcio suelen ser de un solo dígito. El éxito de muchos de estos matrimonios arreglados por las familias de los cónyuges estriba justamente en que las familias han buscado muchas de esas coincidencias que los psicólogos modernos consideran indispensables para el buen entendimiento dentro de una pareja.
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